Etiqueta: ansiedad

Afraid.

Afraid.

Quién no tiene miedo de espantar a los pájaros
de la pradera, de no volver a escuchar sus cantos,
de quebrantar la inmortalidad de los jilgueros y los canarios,
de los cardenales rojizos que Papá solía perseguir a las afueras de Guadalupe
        — ahora, espejismos,

quién no quiere volver a los leones marinos, tumbarse a orillas del mar y esperar
la pesca perfecta, la lucha con todos los tiburones, el regresar quién sabe cuándo
a cuatro paredes, una fogata y una olla llena de fideos tibios,
el sabor
        del hogar.

  baby, i’m afraid of loving you
( really, i’m so afraid
  of hurting again. )

Mis mil y un laberintos, mis mil y un círculos concéntricos,
ahora convergen y confluyen. No lo sé todavía, pero lo presiento:
la sangre ya no es roja, es de un lila tenue, lleno de
        incertidumbres
        desasosiegos
        ansiedades
        penumbras,
                eso es lo que soy ahora:
                   una duda eterna,
                   una persona hecha ave,
                   con alas rotas,
                   y sin saber cómo regresar
                       al Cielo.

Piedra Azul, 01:18am. Vómitos.

Piedra Azul, 01:18am. Vómitos.

Quiero vomitarle mis entrañas a la noche,
exponerle sin premeditaciones todas mis angustias,
la bilis, la metástasis, las ansiedades que me trae:
las estrellas ya no bastan, ya no son
puntos de apoyo,
y los vampiros precisan de nuestros cadáveres
para hacer, de ellos, pólvora y hollín;
quiero excomulgar cada pesar, cada letra erre doble,
cada aliteración bifocal,
rasgar la noche con mis uñas carmesí,
escapar de lo inentendible de los ciclos
y entender que la Liberación va más allá
de las ánimas y los cuerpos astrales.

No lo logro no lo logro no lo logro no lo logro
no lo logro no lo logro no lo logro no lo logro
no lo logro no lo logro no lo logro no lo logro
no lo logro no lo logro no lo logro no lo logro
[…]

Lombrices

Lombrices

a escasas horas de decidir la entrega
entre la muerte sobrevenida y el exilio autoimpuesto,
siento las lombrices:
miles, millones de ellas;

trepan, quién sabe a dónde,
dejan su estela podrida sobre pequeños caminos rojos
se alojan en mis recuerdos y en mis dolencias,
sobresalen de mi oído y me suspiran,
“cierra los ojos,
olvida la patria

aprende a volar
como el pájaro”

ignoran que carezco de alas
y de pasajes de avión

hallan hogar en mi estómago, devorándolo,
en una explosión gástrica
de duda insomníaca e ibuprofeno.