111

111

El naranja de la tarde
durmiente
se cuela a través de las ventanas,
pero no nos damos cuenta:

el mundo se ha reducido
a un tú y un yo,
una camisa blanca y un traje aguamarina
y una corbata floja y dos pares de manos
(y dos pares de labios)
que se buscan
en medio de la tempestad,
en medio de la incertidumbre
que somos.

Uno once:
anochecimos en re-arraigo
(en re menor)
entrelazados (una vez más);

amanecimos
y sobre tu piel
desdoblé un poema.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *