Categoría: Prosa

Colores en el exilio

Colores en el exilio

Nuestro laberinto cromovegetal, único en el mundo, es apenas un reflejo parpadeante de sí mismo: ahora no es más que un agujero obsceno de madera podrida, hierba crecida y serpientes animales rastreros. Y de negro, ya no más color.

La cromointerferencia one-way only se lo llevó todo.

Bang bang

Bang bang

A veces, el amor es como una ráfaga continua de disparos en pocos segundos. Estás caminando por la calle, o corriendo a tu salón de clases, y de repente estás en el medio de un tiroteo, y ves a todos caer alrededor de ti y se te nubla la visión, y entonces ves a alguien que sigue de pie, y corres tras ese alguien sin pensarlo dos veces, temiendo por tu vida y temiendo por la suya, aunque todavía no lo sepas. Llegan juntos a un lugar seguro (al menos, parece serlo) y juran protegerse el uno al otro, y son felices, y regresan y todos están bien y nadie está muerdo y comienzas a pensar que las balas nunca existieron. Y luego, sin esperarlo, ocurre otro tiroteo, y caes al piso pero solo tú, y sin poder moverte ves como corren, como corren y te dejan en el suelo, junto otros mil cadáveres, y luego parpadeas y sigues vivo y no te han dejado, no todavía, pero sabes que todo es vano, y que acabas de morir mil muertes para sus ojos.