Categoría: Poemas

The Trooper

The Trooper

a J.

Marcho a través de la muchedumbre para llegar a ti,
sin caminos,
sin solicitación.

Solo el poema y los astros
guían a mis piernas,
indetenibles por cuenta de otros,
a tus cauces malditos.

Y si es cierto que podré llevarme tu vida
a cambio de la mía,
entonces me entrego sin premura
al suave beso de la hoz y del abismo:
mi eternidad yace
en tu último suspiro,
en tu último aliento,
en el canto de los pájaros que revolotean nuestras corrupciones.

En esta lucha nadie gana y todos pierden;
o lo que es lo mismo,
perdí al verte por primera vez
y sentir
      tus mariposas en mi pecho,
      tus garras a través de mis tejidos magros,
      tu pólvora ennegreciendo mi piel.

Navidad

Navidad

Ya no suenan las campanadas
  pam
    pam
        pam

en mi calle
en mi barrio.

Los pocos faros que aún encienden
hacen las veces de luces decembrinas;
eso cuando no quitan la energía eléctrica.

Anochecemos a eso de las siete u ocho
como si nada
vestidos sin saber para qué
en navidad
sin saber por qué.

Mamá olvidó tomar la foto familiar
(para qué si no hay sonrisas fingidas
ni cámaras
ni alientos
ni estar)

Mañana es lunes
y hay que trabajar
como si nada
y volver a decir
felices fiestas
como si nada
aunque el adjetivo esté de más.

Titanic

Titanic

Titanic,
así (re)conozco nuestro amor:
una serie de placas tectónicas que chocan entre sí,
una gala de traje y vino cada noche,
la soledad compartida y el salitre que corre a través de nuestra(s) vena(s),
la ropa desperdigada en algún lugar que no volvemos a encontrar,

un iceberg vivo de colores grises
en el que me pierdo antes incluso
del primer golpe.

111

111

El naranja de la tarde
durmiente
se cuela a través de las ventanas,
pero no nos damos cuenta:

el mundo se ha reducido
a un tú y un yo,
una camisa blanca y un traje aguamarina
y una corbata floja y dos pares de manos
(y dos pares de labios)
que se buscan
en medio de la tempestad,
en medio de la incertidumbre
que somos.

Uno once:
anochecimos en re-arraigo
(en re menor)
entrelazados (una vez más);

amanecimos
y sobre tu piel
desdoblé un poema.

Cenizas (otrora fuego)

Cenizas (otrora fuego)

Fuego, te ordeno,
quémame una y mil veces
hasta dejar desidia,
Sodoma y Gomorra,
no más entretenciones,
no más besos de quince años:
entrégate en un viaje a otros mundos
de temperaturas elevadas y muchedumbres de dos;

concédeme
otro baile inquisidor,
nuevamente entrega entre tu mirada y la mía,
nuevamente aliento
nuevamente alcohol

nuevamente hace un año
cuando todo era bosque y viento,
no fuego,
no flores marchitas y huracanes desprovistos de final

te vuelves imposible:
la entropía me impide
renovar en fuego
nuestras cenizas

(apenas se escucha
frágil
el murmuro de ciertos montículos de ceniza quemada,
el naraja del filtro de un cigarrillo,
los muchos murciélagos que éramos
cayendo en picada)

Semillas

Semillas

El cambio,
el asfalto brillante
no aparece de una noche a otra
por obra de ciertos duendes invisibles
o de las criaturas nocturnas que decidimos no ver.

Crear algo nuevo
es cosa de
dedicación
tiempo
esfuerzo,
día tras día;
es correr a la punta del Everest
y escalar un abismo

y salir victorioso.

 

Porto en mis bolsillos
pequeñas semillas de excelencia;
aro la tierra y,
a mi paso,
dejo a futuro pequeños bosques.