Categoría: Poemas

Amanecer

Amanecer

La ciudad se levanta una vez más
sin contemplaciones,
en medio de tantos temblores nocturnos
y la taquicardia
y las covulsiones
y los asesinatos y los caídos;
a ella no le interesa más
lo que pase mientras duerme, mientras sueña
con épocas mejores,
se ha resignado
a respirar,
mecerse un poco esperando batir la mugre
y regalarnos el sol
por encima de centinelas de verde y negro.

Cenizas (otrora fuego)

Cenizas (otrora fuego)

Fuego, te ordeno,
quémame una y mil veces
hasta dejar desidia,
Sodoma y Gomorra,
no más entretenciones,
no más besos de quince años:
entrégate en un viaje a otros mundos
de temperaturas elevadas y muchedumbres de dos;

concédeme
otro baile inquisidor,
nuevamente entrega entre tu mirada y la mía,
nuevamente aliento
nuevamente alcohol

nuevamente hace un año
cuando todo era bosque y viento,
no fuego,
no flores marchitas y huracanes desprovistos de final

te vuelves imposible:
la entropía me impide
renovar en fuego
nuestras cenizas

(apenas se escucha
frágil
el murmuro de ciertos montículos de ceniza quemada,
el naraja del filtro de un cigarrillo,
los muchos murciélagos que éramos
cayendo en picada)

Semillas

Semillas

El cambio,
el asfalto brillante
no aparece de una noche a otra
por obra de ciertos duendes invisibles
o de las criaturas nocturnas que decidimos no ver.

Crear algo nuevo
es cosa de
dedicación
tiempo
esfuerzo,
día tras día;
es correr a la punta del Everest
y escalar un abismo

y salir victorioso.

 

Porto en mis bolsillos
pequeñas semillas de excelencia;
aro la tierra y,
a mi paso,
dejo a futuro pequeños bosques.

[Sin título, I]

[Sin título, I]

La puerta se cierra.

La dejas caer,
la marcas como un muro,
nos separas:

el ocre de su madera es mil kilómetros de separación
entre tus labios y los míos
y siento la muerte,
me cubre entre noches de insomnio y poemas de amor;

afuera,
entre los árboles,
un ave de rapiña nos observa,
preparado

El cielo

El cielo

el jilguero se alza, vuela,
escapa
ante mínimos movimientos:
no se deja ver
bajo la cascada,
no muestra sus sobrios colores a cualquier extraño

dicen que,
si te ganas su confianza,
te extiende el ala
y te lleva
al cielo de los pájaros.

Helicópteros

Helicópteros

Busqué tu amor entre las nubes,
sobrevolando todos tus cafés favoritos
y perdí el rastro:

no hallé señales de humo,
no botellas, no espejos,
no pedazos de corazón
no simetría

no hallé camino hacia ti

me pregunto, querida,
para qué sirven los helicópteros
si no para seguir, futilmente,
tus pasos.

Uñas

Uñas

uñas negras
de tantos golpes,

uñas débiles
de mordiscos
y de anemia

uñas sucias
de labrar la tierra
sin descanso

uñas rotas,
uñas idas,
uñas siempre;

al final, todo se reduce a cuánta tierra pasó por entre tus dedos.