Autor: Andrés Ignacio Torres

Titanic

Titanic

Titanic,
así (re)conozco nuestro amor:
una serie de placas tectónicas que chocan entre sí,
una gala de traje y vino cada noche,
la soledad compartida y el salitre que corre a través de nuestra(s) vena(s),
la ropa desperdigada en algún lugar que no volvemos a encontrar,

un iceberg vivo de colores grises
en el que me pierdo antes incluso
del primer golpe.

111

111

El naranja de la tarde
durmiente
se cuela a través de las ventanas,
pero no nos damos cuenta:

el mundo se ha reducido
a un tú y un yo,
una camisa blanca y un traje aguamarina
y una corbata floja y dos pares de manos
(y dos pares de labios)
que se buscan
en medio de la tempestad,
en medio de la incertidumbre
que somos.

Uno once:
anochecimos en re-arraigo
(en re menor)
entrelazados (una vez más);

amanecimos
y sobre tu piel
desdoblé un poema.

Amanecer

Amanecer

La ciudad se levanta una vez más
sin contemplaciones,
en medio de tantos temblores nocturnos
y la taquicardia
y las covulsiones
y los asesinatos y los caídos;
a ella no le interesa más
lo que pase mientras duerme, mientras sueña
con épocas mejores,
se ha resignado
a respirar,
mecerse un poco esperando batir la mugre
y regalarnos el sol
por encima de centinelas de verde y negro.