Mes: marzo 2018

De la Nada

De la Nada

De repente, el día se hizo noche; la fiesta, Silencio. Caos. O lo que es lo mismo, Nada.

Me recosté del borde de la terraza. Las luces apagadas, la luna ofreciendo ciertos atisbos de lucidez, la neblina que, sin invitación, hacía suya mi morada.

***

Una montaña que sobresale entre la ceguera,
oscura, imponente;
un roble o un pino,
ya no sé distinguir,

símbolos de la vigilia,
del repensar y el despensar.

El olor del café de Mamá a las tres de la mañana
(un espejismo:
Mamá no está
y el café se hace a las cuatro de la tarde),
la lluvia,
la soledad.

El pico del avión que se eleva
sin saber a dónde regresar:
abróchense los cinturones para qué,
más vale caer en picada y morir entre las olas
que otra decepción de altura.

Desdoblarse en otra lengua,
en geometrías que ya no existen.

***

De las líneas de un teseracto desdibujé
una realidad no-sola.

Estabas ahí. Nuevamente ahí.

De la nada, encontré un hogar.

De la Nada, escribí un poema.