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Cenizas (otrora fuego)

Cenizas (otrora fuego)

Fuego, te ordeno,
quémame una y mil veces
hasta dejar desidia,
Sodoma y Gomorra,
no más entretenciones,
no más besos de quince años:
entrégate en un viaje a otros mundos
de temperaturas elevadas y muchedumbres de dos;

concédeme
otro baile inquisidor,
nuevamente entrega entre tu mirada y la mía,
nuevamente aliento
nuevamente alcohol

nuevamente hace un año
cuando todo era bosque y viento,
no fuego,
no flores marchitas y huracanes desprovistos de final

te vuelves imposible:
la entropía me impide
renovar en fuego
nuestras cenizas

(apenas se escucha
frágil
el murmuro de ciertos montículos de ceniza quemada,
el naraja del filtro de un cigarrillo,
los muchos murciélagos que éramos
cayendo en picada)

Titanic

Titanic

Titanic,
así (re)conozco nuestro amor:
una serie de placas tectónicas que chocan entre sí,
una gala de traje y vino cada noche,
la soledad compartida y el salitre que corre a través de nuestra(s) vena(s),
la ropa desperdigada en algún lugar que no volvemos a encontrar,

un iceberg vivo de colores grises
en el que me pierdo antes incluso
del primer golpe.

111

111

El naranja de la tarde
durmiente
se cuela a través de las ventanas,
pero no nos damos cuenta:

el mundo se ha reducido
a un tú y un yo,
una camisa blanca y un traje aguamarina
y una corbata floja y dos pares de manos
(y dos pares de labios)
que se buscan
en medio de la tempestad,
en medio de la incertidumbre
que somos.

Uno once:
anochecimos en re-arraigo
(en re menor)
entrelazados (una vez más);

amanecimos
y sobre tu piel
desdoblé un poema.

Amanecer

Amanecer

La ciudad se levanta una vez más
sin contemplaciones,
en medio de tantos temblores nocturnos
y la taquicardia
y las covulsiones
y los asesinatos y los caídos;
a ella no le interesa más
lo que pase mientras duerme, mientras sueña
con épocas mejores,
se ha resignado
a respirar,
mecerse un poco esperando batir la mugre
y regalarnos el sol
por encima de centinelas de verde y negro.